jueves, 12 de febrero de 2015

3- Pildoras



A pesar de haber bebido tanto no esperaba una migraña tan espantosa, a decir verdad ni siquiera imaginaba este momento, sólo sé que por un lapsus de tiempo, olvidé todo lo que estaba pasando.

Dejar a alguien es complicado, sobre todo si estás viviendo con él. Te pones a pensar en las cosas que comparten, pero no esas que avivan el fuego, no esas que hilvanan el alma, porque esas ya se han ido desgastando con el tiempo, hablo de las cosas materiales, del pagar las cuentas, de comprarse algo juntos, de discutir por quién no fregó el baño o a quién se le olvido sacar la basura.

Si soy honesta, tengo el cuerpo cortado. He estado interminables noches pensando en cómo solucionar todo, en como volver a esos días despreocupados, cuando preñábamos al mundo de posibilidades y la cama sostenía nuestros alientos, entrelazando nuestros cuerpos por días completos.  Si soy más franca, extraño todo. El vaivén de la cama cada día, como sus dedos hurgueteaban mi cabello por las noches, o como su sonrisa se convertía en carcajada después de alguna anécdota mal articulada. Lamentablemente, nunca volveremos a ser los mismos, nos hemos arruinado mutuamente.

Trato de sacar a mi cuerpo de este estado de coma, pero es infructuoso. No dejo de pensar en la inquilina que habitaba mis adentros, en esa mujer que se devoraba al mundo en sueños, que deshilvanaba historias en cada parada, en cada rincón que observaba. Creo que me he perdido a mí misma en los deseos de otro.

Finalmente logro sentarme, ahí viene mamá armada con su sonrisa burlona y un frasco de píldoras.

-          - Ya despertaste?, te crees capaz de volver en ti misma?- Dice con  un tono más burlón

-          - Será más difícil de lo que piensas, pero sí, ya desperté.